Todo funciona,
hasta que empieza a crecer.
Excel y WhatsApp pueden alcanzar mientras todo es chico. Cuando se suman empresas, sedes, turnos y cambios, ordenar el día empieza a llevar demasiado tiempo: aparecen versiones cruzadas, pedidos por distintos lados y tareas que se terminan haciendo más de una vez.
Llega un pedido nuevo.
Las planillas ya están impresas cuando aparece otro pedido que también hay que sumar a la producción.
El problema no es usar Excel o WhatsApp. Es tener que volver a armar el día cada vez que algo cambia.
El problema no es usar Excel o WhatsApp. Es tener que volver a armar el día cada vez que algo cambia.


















